Conoce a Bibiana Infante

Bibiana Infante es psicóloga clínica, terapeuta adleriana y entrenadora líder de Disciplina Positiva, especializada en acompañar a familias, profesionales y educadores a construir relaciones más respetuosas, firmes y conscientes. Su misión es ayudar a integrar una forma de educar y liderar basada en el respeto, fomentando la responsabilidad, la autonomía y la cooperación.
Como fundadora y directora del Centro Integral Disciplina Positiva, ha creado un espacio de crecimiento personal donde combina terapia, formación y acompañamiento práctico para aplicar la Disciplina Positiva en los distintos ámbitos de la vida: familia, pareja y trabajo. Su enfoque une el rigor clínico con herramientas claras y aplicables al día a día.

Bibiana forma y certifica a profesionales a nivel nacional e internacional, impulsando la expansión de esta metodología como entrenadora líder de entrenadores en España. Además, es autora del libro Navega hacia tu bienestar y colaboradora en medios de comunicación, donde divulga sobre psicología y educación con una mirada cercana, humana y comprometida.

«Soy Bibiana Infante, psicóloga y entrenadora en disciplina positiva. Trabajo con familias y profesionales que quieren dejar atrás modelos autoritarios o permisivos y aprender a educar con límites claros y conexión emocional, logrando cambios reales en el bienestar de los niños y de los adultos»

Para quienes aún no han tenido la oportunidad de conocerte ¿cómo te describirías en lo personal como en lo profesional?
Soy una persona bastante observadora, inquieta y muy orientada a entender lo que hay debajo de lo que se ve. Soy una apasionada de la psicología y siempre veo la vida desde muchos puntos de vista. Además, soy madre de dos adolescentes que son y siguen siendo el motor de mi vida.
En lo profesional, soy psicóloga y entrenadora en Disciplina Positiva, pero sobre todo soy alguien que traduce la psicología a la vida real. No me interesa la teoría si no transforma.

¿En qué momento sentiste que la forma tradicional de educar ya no encajaba contigo?
En consulta. Durante años vi adultos con mucho sufrimiento emocional que no aparecía de la nada. Ahí entendí que la forma en que interpretamos los acontecimientos, empezaban en la infancia y determinan como nos enfrentamos a los problemas de la vida. Y para poder evitar que la gente llegue tan “lastimada” a la edad adulta es necesario educar con estilos educativos que no sean ni muy permisivos ni muy autoritarios, ya que son modelos educativos muy desconectados.
Y cuando fui madre, lo confirmé: sabía lo que no quería hacer, pero nadie me había enseñado cómo hacerlo diferente sin caer en el caos.

Desde tu Centro Integral Disciplina Positiva, acompañas a familias, profesionales y centros educativos. ¿Qué necesidades comunes detectas en todos ellos?
Hay un patrón claro: falta esa mirada “empatía” hacia los demás, faltan herramientas prácticas y hay un exceso de culpa y exigencia a la vez.
Quieren hacerlo mejor, pero no saben cómo sostener límites sin gritar, ni conectar sin perder autoridad. Y eso genera frustración constante. Se buscan resultados inmediatos, y educar es un proceso que se cuéceles a “fuego lento”.

¿Qué suele cambiar primero en una familia cuando empieza a aplicar disciplina positiva?
El adulto.
Aunque vengan por el comportamiento del niño, el primer cambio real es en la mirada del adulto. Cuando dejan de tomarse el comportamiento del niño o de la niña “a título personal” y empiezan a entender lo que hay detrás, cambia la forma de reaccionar… y eso lo cambia todo.

¿Cuál es el error más común que ves en madres, padres o educadores cuando intentan educar “mejor”?
Intentar hacerlo perfecto y rápido.
Quieren dejar de gritar de un día para otro, aplicar técnicas como recetas, y cuando no funciona, sienten que está fallando el modelo y vuelven a lo que conocen a los modelos tradicionales. Educar mejor no es hacerlo perfecto, es cuestión de saber reparar, enfocarse en soluciones y hacerlo más consciente y sostenido en el tiempo.

¿Qué papel juegan las emociones del adulto en la educación de los niños?
Un papel central.
Un adulto desbordado no puede educar con claridad. No es falta de amor, es falta de regulación y falta de conocimiento.
Los niños necesitan padres y madres que desarrollen en ellos sentimientos de pertenencia y significancia, es decir, que sientan tenidos en cuenta y capaces.

¿Qué te gustaría que más familias entendieran sobre el comportamiento infantil?
Que el comportamiento no es el problema, es el síntoma.
Detrás de una rabieta, un desafío o una “mala conducta” siempre hay una necesidad no cubierta o una habilidad no desarrollada. Y que para poder educar bien, hay que estar bien. Es muy importante crear contextos con respeto mutuo: respetar al menor, a la situación y al adulto al mismo tiempo.

¿Cómo influye tu mirada terapéutica en la forma en que acompañas a las familias?
Mucho. Como profesional con 25 años de experiencia, puedo discriminar cuando hay un problema severo, o cuando es un problema derivado de un entorno familiar con padres/madres desbordados, confusos y dando palos de ciego. Y con un poco de orientación consiguen sentirse seguros y cómodos y con un faro claro que les guía en los retos educativos.
No trabajo solo en lo que hacen, sino en desde dónde lo hacen. Hay historias personales, creencias, heridas… que influyen directamente en cómo educamos. Trabajamos siempre de forma vivencial y práctica para que se lleven el aprendizaje “metidito en la piel” y así les resulta mucho más fácil ser constantes y estar seguros en lo que han de hacer.

¿Qué tipo de transformación te emociona más ver en las personas con las que trabajas?
Cuando dejan de pelearse consigo mismas, cuando dejan de tomarse las cosas a título personal…
Cuando una madre o un padre pasa de la culpa constante a sentirse capaz, tranquilo y coherente. Ese cambio interno impacta más que cualquier técnica. Busco con mis formaciones, que las familias y educadores tengan tan claro qué hay que hacer y cómo en cualquier situación, que en poco tiempo dejan de necesitar mi acompañamiento. Para mi esa es la mejor prueba: sea el que sea el reto con el que se encuentren durante toda la labor educativa de los niño/as y adolescentes, ya saben cómo proceder sin dudas, sin caos y con coherencia para prepararlos para la vida con las habilidades socio emocionales necesarias

¿Qué significa para ti educar desde con disciplina positiva en el día a día, más allá de la teoría?
Significa ser amable y firme al mismo tiempo
Significa crear contextos de respeto mutuo.
Significa parar antes de reaccionar. Significa centrarse en soluciones y no en culpadles
Significa entender qué está pasando en tu hijo… y en ti.
Y actuar desde ahí, no desde el piloto automático.

Si alguien siente que “lo está haciendo mal” como madre, padre o educador, ¿qué le dirías hoy?
Que probablemente no lo está haciendo mal, pero sí está cansado y sin herramientas.
La culpa no educa. La información y el acompañamiento, sí. Que no es cuestión de ser perfectos, es cuestión de saber repararlo con las herramientas y la mirada adecuadas.

Si alguien está leyendo esto y siente que quiere un cambio en su familia o en su forma de educar, ¿qué le dirías?
Si ya es consciente que quiere hacerlo diferente, ya tiene ganado el 50% del camino, que ahora solo queda contar con el “faro” que te guíe en la dura y difícil tarea educativa en estos tiempos.
Que acuda a un profesional certificado en disciplina positiva que le va a dar la mirada, la posición y las herramientas pedagógicas que le van a hacer que se guste como padre/madre o educador.
No necesitas hacerlo todo diferente mañana, pero sí empezar a mirar distinto hoy. Ahí empieza el cambio real.

¿Cómo nació la idea de cofundar la Asociación Disciplina Positiva España y qué vacío sentías que era necesario cubrir en ese momento?
Nació de una necesidad clara: profesionalizar y dar rigor a la Disciplina Positiva en España.
Había interés, pero faltaba estructura, formación de calidad y una red sólida de profesionales que trabajaran desde la misma base.

Sabemos que has escrito un libro, “Navega hacia tu bienestar”, si tuvieras que resumir el mensaje principal del libro en una idea, ¿cuál sería?
Este libro quiere poner el foco en que la disciplina positiva y sus bases no son solo un estilo educativo, sino también un estilo relacional y que se puede integrar en todos los aspectos de nuestra vida: en lo familiar, lo social, la pareja y lo laboral.
En el libro se descubre cómo cultivar una perspectiva que fomente la empatía, la comprensión y la conexión genuina con quienes te rodean.

A lo largo de tu vida personal y profesional, ¿qué personas o referentes han influido en tu manera de ver y entender el mundo?
Referentes de la psicología como Alfred Adler o Jane Nelsen han sido clave a nivel teórico.
Pero también muchas personas anónimas: pacientes, familias y mis propios hijos, que han sido mis grandes maestros.

¿Dónde podemos encontrarte? (web, redes, email…)
Principalmente en Instagram @disciplinapositivacentro y en mi web www.centrodisciplinapositiva.com, donde comparto contenido práctico y recursos para familias y profesionales interesados en educar desde otro lugar.

¿Qué te motivó a unirte a AMPEGA y qué importancia tiene para ti formar parte de una red de mujeres profesionales y emprendedoras?
Porque creo en el valor de lo colectivo.
Emprender puede ser solitario, y formar parte de una red de mujeres que comparten visión, retos y crecimiento aporta no solo oportunidades, sino también sostén.

¿Hay algún taller, recurso o experiencia del Centro Disciplina Positiva que te gustaría destacar especialmente y compartir con la comunidad de AMPEGA?
Sí, los talleres vivenciales sobre Disciplina Positiva, tanto si te interesa como madre o si quieres integrarlo en tu práctica profesional con la Certificación oficial.
Porque no solo aprenden herramientas, sino que experimentan lo que luego van a aplicar. Y ahí es donde realmente ocurre el cambio.